Cuando el técnico de la selección de Argentina, Alfio Basile ordenó el ingreso en los últimos minutos de Rodrigo Palacio por el mediocampista Juan Sebastián Verón, nadie -ni siquiera el propio Basile- imaginó que con los pies de Palacio se borraría de los libros históricos una victoria que ya se estaba “empezando a redactar” a favor de Ecuador.
Un empate valioso, un empate que duele. Difícil describir lo que significa para el pueblo ecuatoriano este 1 a 1, conseguido por la tricolor en Buenos Aires, y la complejidad recae en el hecho de que los aficionados hasta un minuto antes del final del encuentro no concebíamos en nuestra cabeza otro resultado que no sea el 1 a 0 “histórico”. El gol de Palacio nos obligó -en minutos- a aceptar un resultado tácticamente importante. Algunos lo hicieron, muchos no.
Las lágrimas de Cevallos, y la voz semi-cortada del DT Vizuete demuestran lo que sentimos la mayoría de los ecuatorianos. Minutos posteriores a la culminación del encuentro resultó imposible –para ellos y para muchos de nosotros- concebir al empate como importante. Lo único que se pensó en ese momento es: ¿cómo se pudo ir una victoria que hasta un minuto antes de la culminación del partido ya estaba cantada? Cevallos y Vizuete en ese momento dejaron a un lado lo futbolístico, lo bien que se jugó y se unieron al dolor de los hinchas, en esos momentos ellos se sintieron Ecuador.
Los resultados que consiga la actual selección ecuatoriana de fútbol nunca más nos sorprenderán. Estamos representados por “obreros” que con sus actuaciones producen lapsos de felicidad en los ecuatorianos capaces de hacernos olvidar -aunque momentáneamente- lo que haga o deje de ser Correa.
Al frente de la selección ecuatoriana está un compatriota (Sixto Vizuete) que hoy demostró que puede no tener la experiencia que muchos “sabios periodistas” exigen, pero que como ecuatoriano siente lo que pasa con su equipo, una selección que carga con el peso de lo que sufren los emigrantes ecuatorianos, que tiene que llevar en sus hombros las erradas decisiones políticas que se toman en el Ecuador, un equipo que tiene la responsabilidad de hacer lo que nuestros políticos son incapaces de realizar: representarnos bien. La voz entre cortada de Vizuete lo demostró, mientras que sus ingenuas declaraciones: “mi equipo es mejor que el de Argentina”, hizo evidente el cariño que le tiene a este conjunto.
Se nos va una victoria que podía haber dado la vuelta al mundo, que podía haber ocupar las primeras planas de los diarios más importantes del mundo. Se queda la unidad y el buen fútbol que ha logrado Ecuador.
Cuando terminó el partido conversé con un primo ecuatoriano que vive en Argentina. Le comenté lo mal que me sentía por el resultado. Me podía haber dicho que fue injusto el marcador final (1-1), o excesivo los minutos que adicionó el arbitro. Sin embargo él, que asistió al estadio, tan sólo atinó a decirme: “viejo, yo estoy feliz, tenemos un Ecuador corazón”











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